Las fuerzas rusas lanzaron durante la noche un ataque coordinado que incluyó 477 drones —en su mayoría del tipo Shahed de fabricación ruso-iraní— y 60 misiles contra varias regiones de Ucrania, según denunció el presidente Volodímir Zelenski . Las defensas aéreas ucranianas estuvieron activas toda la madrugada, aunque el operativo produjo víctimas: un piloto de F‑16 ucraniano murió tras derribar siete objetivos, y al menos seis civiles, entre ellos un menor, resultaron heridos en la ciudad de Smila tras el impacto en una zona residencial .
Zelenski describió el ataque como un intento deliberado de “destruir todo lo que mantiene viva a Ucrania”, y señaló que solo durante esta semana Rusia ha lanzado más de 114 misiles, 1.270 drones y casi 1.100 bombas planeadoras . Tras la confirmación de la muerte del piloto, el presidente ordenó una investigación sobre el incidente y volvió a exigir presión internacional contra Moscú .
El ataque causó daños significativos en viviendas e infraestructura esencial. En Smila, las imágenes difundidas por las autoridades mostraron edificios destruidos, incendios y escombros . Los servicios de emergencia trabajaron sin descanso durante la madrugada y la defensa antiaérea consiguió derribar buena parte de los proyectiles. Sin embargo, la recurrente magnitud de los bombardeos parece responder a una estrategia sistemática del Kremlin para mantener la presión sobre la población civil ucraniana
