River sufrió una de las derrotas más dolorosas de su historia reciente al quedar eliminado en los octavos de final de la Copa Sudamericana 2026 frente a Independiente Santa Fe. Tras igualar 1-1 en los 90 minutos reglamentarios en el Estadio Monumental (y con el antecedente del 0-0 registrado en la ida en Bogotá), el cruce debió resolverse directamente desde el punto del penal. En una definición de altísimo dramatismo que requirió nueve ejecuciones por bando, el conjunto colombiano terminó imponiéndose por 8-7 para sellar su pasaje a la siguiente ronda y dejar al elenco de Núñez sumergido en una profunda crisis deportiva.
El equipo dirigido por Eduardo Coudet había logrado inclinar la balanza a su favor a los siete minutos del segundo tiempo gracias a un tanto convertido por Sebastián Driussi. Sin embargo, cuando el desarrollo parecía controlado por el local, una imprudente mano dentro del área del defensor Lucas Martínez Quarta le otorgó un penal a la visita a los 35 minutos del complemento, el cual fue transformado en gol por Franco Fagúndez. Sin tiempo suplementario contemplado en el reglamento del certamen internacional, el 1-1 definitivo forzó la tanda desde los doce pasos.
La definición por penales se transformó en una verdadera montaña rusa emocional signada por los errores y las atajadas providenciales. Pese a que los primeros remates mostraron imprecisiones en los ejecutores locales —con desviaciones de Rafael Santos Borré y del propio Martínez Quarta—, el arquero Santiago Beltrán se convirtió en figura al contener tres disparos y sostener con vida a River. No obstante, la paradoja del desenlace llegó en la novena ronda de penales: Beltrán no pudo convertir su ejecución ante el guardameta rival Weimar Asprilla, quien acto seguido anotó su remate para consumar la proeza colombiana y dejar la continuidad de Coudet al frente del cuerpo técnico en una situación límite.
