Israel lanzó un ataque aéreo masivo sobre Teherán con más de 60 aviones de combate que impactaron sobre decenas de objetivos considerados estratégicos por las Fuerzas Armadas israelíes. El operativo incluyó el uso de unas 120 municiones dirigidas a instalaciones industriales vinculadas a la producción de misiles y componentes militares. Según voceros oficiales, los blancos formaban parte de la estructura del Ministerio de Defensa y del programa nuclear iraní.
Uno de los lugares atacados fue la sede de la Organización de Innovación e Investigación Defensiva (SPND), señalada por Estados Unidos por su presunta relación con ensayos nucleares. También se bombardeó el edificio Spand, relacionado con el desarrollo de armamento avanzado. Reportes locales indican al menos diez muertos, aunque los daños totales aún no se conocen debido a cortes de internet en distintas regiones del país.
La escalada bélica ocurre en medio de un tenso contexto regional y sin avances diplomáticos. Mientras Israel promete seguir atacando objetivos clave en Irán, Teherán responsabiliza a Tel Aviv por varios hechos recientes y advierte sobre una eventual intervención de Estados Unidos. Ambos países se acusan mutuamente de estar al borde de un conflicto mayor, en un momento de máxima tensión en Medio Oriente.