El ausentismo en la escuela secundaria se profundiza: el 51% de los estudiantes del último año acumuló 15 o más inasistencias en 2024, siete puntos por encima de 2022. El dato surge de un informe de Argentinos por la Educación basado en las pruebas Aprender y PISA, que advierte un cambio de patrón: crecen los casos de faltas reiteradas y se reduce el grupo con asistencia intermedia, configurando una “polarización” cada vez más marcada.
El fenómeno no es homogéneo. Mientras se mantienen estables quienes casi no faltan, aumenta el grupo con trayectorias más frágiles: los que superan las 20 inasistencias pasaron del 26% al 30% en dos años. Para los directivos, el impacto es directo en el aula: el 46% considera al ausentismo como el principal obstáculo para enseñar, por encima de la impuntualidad o el bajo rendimiento. A nivel país, Buenos Aires lidera los niveles más altos, mientras que provincias como Santiago del Estero y San Juan registran los menores.
Detrás de los números aparece un problema más profundo. Si bien los motivos más frecuentes son de salud, el dato que inquieta es que un 39% de los estudiantes falta por “no tener ganas”, lo que expone un deterioro en el vínculo con la escuela. Especialistas coinciden en que no se trata solo de presencia física, sino de una desconexión más amplia entre estudiantes, familias y sistema educativo, en un contexto donde —advierten— el ausentismo es más síntoma que causa.
