Luiz Inácio Lula da Silva logró una victoria histórica en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales de Brasil al imponerse sobre el senador Flávio Bolsonaro con el 51,74% de los votos contra el 48,26%. El líder del Partido de los Trabajadores (PT) revirtió la desventaja de la primera vuelta y aseguró su cuarto mandato presidencial no consecutivo, marcando un hecho inédito en la historia democrática del país al convertirse en el primer candidato en ganar un balotaje tras haber quedado en segundo lugar en la instancia inicial.
La campaña oficialista se cimentó en la defensa de los derechos sociales, la inversión pública y el fortalecimiento de los programas de asistencia, combinados con iniciativas como el aumento del programa Bolsa Família, la reducción de la jornada laboral a 40 horas semanales y subsidios para contener los precios del transporte y los combustibles. Por su parte, la candidatura de Flávio Bolsonaro buscó capitalizar el descontento económico y la agenda de seguridad, consolidando la vigencia del capital político del movimiento que encabeza su padre, el expresidente Jair Bolsonaro.
El nuevo mandato ubica a Lula da Silva frente a un escenario institucional complejo, caracterizado por un Congreso de marcada tendencia conservadora y una sociedad profundamente dividida. En el plano internacional, la administración del PT reafirmará su política exterior multilateralista y su perfil soberanista, en un contexto regional expectante y bajo un escenario de complejas negociaciones bilaterales en materia comercial con los Estados Unidos.
